EN EL HOSPICIO DE PALENCIA

Desi, que tiene 85 años, nació en Torquemada y se trasladó a Baños de Cerrato cuando era pequeña junto a su familia. Cuando tenía 10 años murió su padre. Tras esto y con su madre enferma, Desi y sus hermanos Lorenzo, Goyo, Valentín y Carlos fueron trasladados al Hospicio de la ciudad de Palencia, conocido como la Beneficencia Provincial de Palencia en la Plaza de la Maternidad (actual Plaza de los Juzgados). La mayor, Anita, se fue a Torquemada con unos familiares.

La historia de la beneficencia comienza en 1850. Hasta el convento, ubicado en la parte trasera de la actual Plaza de los Juzgados (en el cruce con la calle Ignacio Martínez de Azcoitia), llegaban personas sin recursos: madres, ancianos, niños, vagabundos, etc.  Su historia se inicia cuando se cede a la Diputación de Palencia terrenos del desamortizado Convento de San Francisco. Y es que, en el s. XIX nos encontramos en plena Desamortización, un largo proceso histórico, económico y social iniciado a finales del siglo XVIII con la denominada “Desamortización de Godoy”. Este proceso consistió en poner en el mercado, previa expropiación forzosa y mediante una subasta pública, las tierras y bienes que hasta entonces no se podían enajenar (vender, hipotecar o ceder) y que se encontraban en poder de las llamadas “manos muertas”, es decir, la Iglesia católica y las órdenes religiosas. Dentro de este escenario, eran las Diputaciones las que se deberían hacer cargo de las competencias de Sanidad y Beneficencia, entendidas como servicio público.

Pasados unos años, el 25 de enero de 1879 llegaron quienes se harían cargo de los servicios de beneficencia de ahí en adelante, las Hermanas de la Caridad. Fueron 8 hermanas y su dedicación fue motivando el traslado de más y más personas. Pronto el edificio se quedó pequeño para atender a todos los usuarios. Así pues, la necesidad obligó a construir el Hospicio en la Plaza de la Maternidad al que Desi y sus hermanos fueron. Fue entonces, con los dos espacios, cuando nació lo que durante años se conocería como la Beneficencia o Ciudad Benéfica.

Eran los años 50 de la segunda mitad del s. XIX, cuando una noche ingresó Desi junto a sus hermanos en el Hospicio. Les situaron en diferentes habitaciones. Así a los más pequeños, Goyo y Carlos, los llevaron a la habitación de los de menor edad. Desi era la segunda de cinco hermanos, se llevaba 14 meses con la mayor. A ella, la llevaron a una sala grande junto a otras chicas de su edad. Esa misma noche, cuando Desi pasaba por delante de la puerta de sus hermanos, se le acercó una monja a preguntarle si era la que había ingresado ese día. Desi, contenta, imaginaba que le iban a dejar ver a sus hermanos pequeños. Sin embargo, sólo pudo descubrir que tenían tos y que les iban a llevar al Hospital. Resulta que tenían tosferina. Una vez en el Hospital, el mismo donde su madre se encontraba ingresada, los niños pudieron ver a su madre.

En el Hospicio, existía la separación por sexo tanto en la distribución de los espacios y escuela. Por ello, Desi aprendía labores domésticas mientras a los niños se les enseñaban oficios tales como carpintería o mecánica. Desi y sus compañeras cosían mucho, hacían mucho bolillo y punto de cruz. Ella tenía una especie de almohadilla para hacer bolillos, la cual apoyaba en la ventana para poder observar lo que pasaba por la calle. Para que no “las pillasen” hacían tocar los palos para que pareciese que trabajaban en los bolillos. Y es que a las niñas residentes en el Hospicio no las dejaban salir excepto en los grandes patios del edificio o cuando las sacaban a la calle las Hermanas.

Las niñas iban vestidas con un uniforme azul marino y una banda blanca. Pero había otra escuela con la misma banda, las Angelinas. Éstas, al no querer parecer hospicianas, por considerarlas pobres, se la pusieron morada. Recordemos que el Hospicio formaba parte de la Ciudad de la Beneficencia donde iban personas sin recursos.

Desi durante su estancia en el Hospicio.

La madre de Desi, Anastasia (Tasia), poco a poco se iba encontrando mejor y se acercaba al Hospicio a ver a sus hijxs. Cuando iba, llevaba a Desi hilos para hacer los bordados. Sin embargo, Desi y sus hermanos permanecieron varios años en el Hospicio. Poco a poco, cuando Tasia ya estaba recuperada, los fue sacando del lugar. Desde su salida, fueron trabajando donde pudieron. Desi ingresó en una casa en Palencia, situada en el Salón, para trabajar en las labores domésticas durante cinco años.

El Hospicio, junto al resto de servicios de la Beneficencia, permanecieron en la Plaza de la Maternidad hasta el 5 de octubre de 1955, día en el que se hizo el traslado a un nuevo edificio, el Complejo del Hospital Provincial en San Telmo.